De traducciones de Beowulf: Tolkien

 

En 2014 se publicó la traducción en prosa de Beowulf de J. R. R. Tolkien, la cual constituye en sí misma una obra literaria que consigue atraer al lector narrativamente, aunque da—a mi me la dio—la impresión de perderse en recovecos arcaicos que solo son paisajes interesantes para los eruditos del poema. Y esos lectores encontrarán cientos de puntos problemáticos en esos detalles, ya que precisamente reflejan la visión que Tolkien tenía del poema en la década de 1920 y los estudios y perspectivas críticas sobre el poema han avanzado considerablemente.

Por lo tanto, es una versión que está más acorde con un comentario exhaustivo de cada línea del poema, valiosa dentro del contexto del investigador universitario, pero al mismo tiempo es un espécimen que nos muestra su caducidad a aquellos que mejor podemos sintonizar con ella.

Los aficionados a la obra literaria de Tolkien seguro aprecian la traducción por la oportunidad que ofrece de entrar a un mundo que resuena con el imaginario artístico del autor y encontrarán en Beowulf un aliciente épico a la Tierra Media.

Y es que, tal y como Andy Orchard apuntó en su intervención en la Universidad de Toronto, titulada “Tolkien’s Beowulf and Lessons from History” esta versión de Beowulf por parte de Tolkien es “an amazing book, but a terrible translation”.

 

Puede quedar la duda de si Orchard lo dice para promocionar su próxima edición y traducción del poema (¡!), pero traducciones del poema hay varias y para todos los gustos. Para mi la mejor traducción de Beowulf  sigue siendo en prosa la de Donaldson, aunque esto quizás se deba a preferencias personales. Y es que, después de una desastrosa primera lectura de una traducción allá por esos primeros años de carrera, solo el encontrar la versión original en inglés antiguo de Penguin Classics con el glosario en inglés moderno en cada hoja me enganchó al poema. No lo entendía, pero me sentía fascinada. Yo acababa como quien dice de encontrarme por primera vez con la exposición en el Museo Británico de los tesoros de Sutton Hoo, había quedado fascinada e intrigada por el casco, por las espadas, por esas copas de vidrio roto y de vuelta a mis estudios me encontraba con un texto que no había por donde cogerlo. Es decir, prefería un texto en inglés antiguo del que solo podía entender palabras sueltas, a aquella traducción. No recuerdo quién era el autor, quizás era la única versión en la biblioteca universitaria por entonces, solo sé que mi primera impresión de Beowulf fue bastante mala debido a aquel texto incomprensible en el que no se sabía con exactitud qué le pasaba a quién. Solo gracias a la versión de Donaldson por fin pude cogerle gusto al poema y con la de Heaney (en verso) ya en mi último año de carrera cuando ya tenía claro que quería estudiar en profundidad la literatura del inglés antiguo en el postgrado puedo decir que atisbé la belleza del poema.

En mi caso también quizás influyó el hecho de que fuese de obligatoria lectura la primera vez, en el curso de la carrera justo cuando empezábamos la introducción a la literatura del inglés antiguo (primera vez que oíamos algo y nos enfrentábamos a textos en aquel idioma extraño que el profesor nos aseguraba era inglés…) y acabase recurriendo a un resumen que encontré por internet para enterarme de algo. Lo confieso con gran vergüenza. Si hablamos de este nivel de iniciación, de primer contacto con el poema Beowulf, con la versión de Donaldson, eso no pasa. Con la de Tolkien se corre el riesgo.

 

Pero como digo, esto puede deberse a preferencias personales y los cuarenta años que median entre ambas versiones (la de Tolkien terminada en 1926, la de Donaldson en 1966) y las distintas finalidades de ambas ya que la de Donaldson es un producto acabado y revisado, y la de Tolkien nunca fue concebida por el autor para ser publicada. A continuación, una pequeña muestra de ambas versiones:

 

“He recounted all that he had heard tell concerning Sigemund’s works of prowess, many a strange tale, the arduous deeds of the Waelsings and his adventures far and wide, deeds of vengeance and of enmity, things that the children of men knew not fully, save only Fitela who was with him. In those days he was wont to tell something of such matters, brother to his sister’s son, even as they were ever comrades in need in every desperate strait—many and many of the giant race had they laid low with swords. For Sigemund was noised afar after his dying day no little fame, since he, staunch in battle, had slain the serpent, the guardian of the Hoard. Yeah, he, the son of noble house, beneath the hoar rock alone had dared a perilous deed. Fitela was not with him; nonetheless it was his fortune that the sword pierced through the serpent of strange shape and stood fixed in the wall, goodly blade of iron; the dragon died a cruel death. The fierce slayer had achieved by his valour that he might at his own will enjoy the hoard of rings; the boat upon the sea he laded and bore to the bossom of his ship the bright treasures, the offspring of Waels was he. The dragon melted in its heart.” (Tolkien, l. 710-730, p. 37-38)

 

“He spoke everything that he had heard tell of Sigemund’s valorous deeds, many a strange thing, the strife of Wael’s son, his far journeys, feuds and crimes, of which the children of men knew nothing—except for Fitela with him, to whom he would tell everything, the uncle to his nephew, for they were always friends in need in every fight. Many were the tribes of giants that they had laid low with their swords. For Sigemund there sprang after his death-day no little glory—after he, hardy in war, had killed the dragon, keeper of the treasure-hoard, under the hoary stone the prince’s son had ventured alone, a daring deed, nor was Fitela with him. Yet it turned out well for him, so that his sword went through the gleaming worm and stood fixed in the wall, splendid weapon: the dragon lay dead of the murdering stroke. Through his courage the great warrior had brought it about that he might at his own wish enjoy the ring-hoard. He loaded the sea-boat, bore into the ship’s bosom the bright treasure, offspring of Waels. The hot dragon melted.” (Donaldson 1966:16)

 

 

He de decir que yo compré la edición en inglés y no en español por la sencilla razón de que el resto de traducciones que tengo están en inglés y yo trabajo principalmente con los textos en inglés. También porque así se puede comparar y apreciar mejor las decisiones del traductor a la hora de encarar puntos problemáticos dentro del poema.

Así que no he tenido ocasión de leer la traducción al español de la traducción de Tolkien y me encantaría leer algunas opiniones, sobre todo de lectores hispanohablantes que no estaban anteriormente familiarizados con el texto, ¿os ha gustado o decepcionado?

 

Para ver más información sobre Andy Orchard hablando de Beowulf y Tolkien en el siguiente enlace [en inglés]  http://www.medievalists.net/2015/11/15/why-tolkiens-beowulf-is-an-amazing-book-but-a-terrible-translation/

 

 

 

OBRAS CITADAS:

 

Donaldson, Talbot 1966. Beowulf: A New Prose Translation. W. W. Norton & Company: New York.

 

Tolkien, J. R. R. 2014.  Beowulf: A Translation and Commentary. Harper Collins: London.

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