sobre conferencias…

He estado en pocas conferencias como ponente, creo que un total de 3, todas ellas internacionales, así que no tengo una gran experiencia como para poder opinar desde una perspectiva más general.
QUe nadie piense que el hecho de que sean conferencias internacionales en mi caso significa algo especial, al contrario más bien anodino. Todo responde a mi falta de proyección académica durante los 6 largos años que me llevó escribir la tesis. En el último año mi tutora de tesis (tras un cambio con el tutor que me tocaba y que se prejubiló) me sugirió que moviera el culo de una buena vez…
Mi poca experiencia en cuanto a conferencias también obedece principalmente a que como buena introvertida que soy aparte de no entablar muchas conversaciones con los demás ponentes, me suelo centrar en el mal rato de hablar en público y no trabarme leyendo en inglés y prepararme mentalmente para el suplicio de las preguntas (¿Por dónde me saldrán? ¿Sabré contestarlas? ¿me quedaré en blanco? ¿me pondrán en evidencia?) y todas las dudas que aparecen sobre la valía profesional. Me he encontrado, no sorprendentemente, con que esta retahíla de pensamientos sadomasoquistas que recorren la mente en el previo a una ponencia (o de entregar un artículo para publicar o de enviar una propuesta para una conferencia) es algo común a esta vida académica y parece cebarse especialmente con las mujeres. Hace años en mi época predoctoral me suponía que era yo, yo y todos mis defectos, la única que tenía semejantes dudas sobre mi propia valía, llegando a autoconvencerme de que en mi caso me llovían los halagos o las buenas calificaciones sin yo merecerlos.
En parte fue semejante sensación de vacío interior y de falta de auto-(re)conocimiento lo que me llevó a un agujero oscuro del que luego me costó salir. Y bla bla, 6 años escribiendo (o haciendo que escribo) una tesis dan para mucho.
Y en parte ha sido esto lo que me acabó de convencer de que la vida académica no era para mí. CUando comento esto la gente luego suele preguntar: ¿Y entonces por qué sigues investigando y escribiendo? Buena pregunta, no tengo respuesta.
No quería vivir pendiente del reconocimiento ajeno, de vivir eternamente esa duda pensando que los demás me halagaban, me daban palmaditas de consuelo simplemente por complacer, esa sensación de que tarde o temprano descubrirían que soy una impostora de que todo el mundo me mentía por no herir mis sentimientos.
Increíble pero fue verlo en otra persona cuando me di cuenta que muchos somos los que nos creemos impostores en un mundo de gran competencia, posibles feroces críticas (siempre ahí inmaterializadas pero posibles porque basamos nuestro trabajo en sacar, analizar, y buscar a contrapelo) y que esto conlleva un esfuerzo mucho mayor que el de simplemente investigar y escribir y publicar. ¿No es realmente increíble? Los que nos creemos fraudes gastamos más energía en recrear mentalmente todos esos posibles escenarios donde de repente un dedo acusador nos señalará y nos hará visibles a todo el mundo.
En las conferencias precisamente, es cuando se ve y se palpa esta agonía, esta verdad absoluta que parece pender de un hilo sobre nuestras cabezas. Y que no existe.
Por supuesto que dentro de mi escasa experiencia en cuanto a conferencias me he encontrado tanto con gente con mucha autoestima y con gente con poca. Pero ha sido la necesidad que sentían algunos de los ponentes de aferrarse a sus títulos, la constante mención de sus últimas investigaciones y publicaciones, de las universidades en las que investigan y los brillantes que son sus departamentos que me hizo pensar. Me vi de repente en plena comida de la conferencia no saboreando la comida o dándome cuenta que estaba en Oxford pasando unos días (¡Oxford!) sino intentando recordar algo coherente sobre teoría crítica porque mi interlocutor parecía querer demostrar ante los otros presentes que sabía más que yo sobre los posibles enfoques metodológicos correctos para obras postmodernas y porque no estaba de acuerdo con la respuesta vaga y de andar por casa que acaba de dar yo (la persona que me había preguntado era de otra especialidad). Estaba demasiado concentrada quitando espinas al pescado y viendo que quedábamos ya de los últmos comiendo como para explicar coherentemente el nuevo historicismo, aparte de que… Honestamente… ¿¿Ni con una cucharada de comida en la boca se puede dejar de lado la competencia por demostrar, por, por, por?? Quizás es eso lo que no me gusta de las conferencias que me hacen acabar deseando hablar de cualquier cosa que no sea lo que llevamos ya horas (y/o días) escuchando/hablando/leyendo y en tal contexto no hay manera de encontrar a alguien que quiera también desconectar (¿de qué hablas aparte del tiempo?).
No me va eso de mostrar y admirar los galones, ni los míos ni los de otros.

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